Imagina un sabor. Siente cómo se impregna en tu rosada lengua. Fresco como frutas, intenso como chocolate, dulce como caramelo o amargo como el café.
Mi vida tenía todos los sabores hasta que un día desaparecieron sin explicación. No quedó ni una pizca a mi alcance. Mi vida ya no sabía a nada, ni a tierra ni a cenizas. Justo después me dí cuenta que con estos sabores se fueron todos los colores de mis ahora pálidas paredes.
No hay brillantez, solo vacía escasez. Ahora todo es insípido porque nada me describe, nada me entretiene, y como nada me sirve, nada me sostiene. No encuentro ningún endulzante, picante, condimento ni sazón que le devuelva a mi vida insípida su latiente corazón.
