19 de mayo de 2012

Desvaneciendo.

Respiración que se alenta, pulso mecánico.

Perder el contacto con los vivos. Acercándose a los muertos.

Consciencia desenchufada, el cerebro híbrido, vacío.

No veo nada real en el juego. Corro en círculos imperfectos.

La tensión se acumula constantemente. Ninguna razón.

Sólo un reflejo de lo que tengo, impulsada por un reloj.

Trato de mantener un ojo abierto y me doy cuenta,

que no he cerrado los ojos en mucho tiempo.

2 de mayo de 2012

Solo.

El sábado de una noche invernal, la chica abrió de golpe la puerta de su apartamento. Lanzó su bolso rojo y las zapatillas lejos de sí. Recordaba vagamente el trayecto que la trajo a casa, las luces de tránsito que se filtraban a través de las gotas de lluvia en el parabrisas del auto. Con los ojos hinchados y el maquillaje ligeramente corrido, se dejó caer ampliamente sobre su cama al mismo tiempo que hundía su rostro en la almohada, como si temiera que alguien la pudiese ver. Se recordó a sí misma que estaba sola.

Una gruesa lágrima salada resbaló por su mejilla y se unió con las demás que oscurecían el color de su edredón. Por supuesto que no esperaba sentirse así. Por supuesto que creyó que el amor de aquél chico era verdadero, sincero.

Al siguiente día, le costó trabajo despegar sus parpados para salir de la cama. Se quitó un par de lagañas con la manga desgastada de su vieja sudadera. Tenía que aprovechar el día, odiaba sentirse inútil y vulnerable y mucho más revivir ese sentimiento claustrofóbico de quedarse en la habitación. Era patético deprimirse por un patán. Lo único que ese chico hizo además de besuquearse con ella, fue abrirle los ojos a la realidad. "Uno llega a este mundo solo y se va de él de la misma manera. " se repetía una y otra vez.