Al mirarme al espejo, mi aspecto se nota un poco más viejo, un poco más frío.
Había un asiento vacío. El asiento vacío que me llevó a mi destino. Nos sentamos y pude sentir que había extraviado una parte de mí.
Y lo que sentía se perdió. Mis labios ya no besan como lo hacían antes. Mis ojos no lo reconocen ni lo mirarán igual, y mi corazón ya no late, ya no se acelera con su aroma.
Repentinamente los días cerca de ése sueño se volvieron rotos pedazos de ilusiones... por razones desconocidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario