Sol y un clima sofocantemente caluroso. Para mí, las vacaciones de verano son placenteras sólo si las vives en la playa o a la orilla de una piscina con amigos o familia; bebidas refrescantes y música alegre que dan como resultado emociones positivas y posiblemente relajantes.
Una imagen parecida a lo que acabo de describir se proyectó en mi mente el día en que el tránsito congestionado me obligó a quedarme dentro de mi auto, en el asiento trasero, mirando por la ventanilla tan tediosa escena. ¿Por qué no podía vivir una vacaciones emocionantes este verano?
Suerte que previamente había cargado bien la batería de mi reproductor de música y llevaba los audífonos azules con los que escuchaba mi 'playlist' sin perder la calidad de sonido, a diferencia de los demás auriculares que tenía.
Las diminutas gotas de sudor resbalaban desde mi asoleada frente y comenzaba a deshidratarme. Deseaba desesperadamente que mi atolondrado auto contara con aire acondicionado. Unos minutos después, al ver que el tránsito no progresaba, decidí salir del auto para conseguir agua. Una fría y refrescante botella de agua. Mis padres me encargaron que les comprara unas también y que no demorara demasiado, entonces me encaminé a la primera tienda de conveniencia que encontré sobre la avenida.
Al salir de la tienda, vi salir a un chico de un 'aveo' plateado estacionado frente a la tienda. El chico era alto, su cabello era castaño y lacio pero despeinado de una manera que se veía bastante bien. No era un galanazo, pero atrajo mucho mi atención al ver que se acercaba a mí.
Sin saber que más hacer, gire la tapa de mi botella de agua y me la empiné para beber un largo trago. Cuando bajé la botella el chico estaba frente a mí y unos segundos después me tendió unos audífonos azules que reconocí al instante. ¿Acaso se me habían caído al salir de mi auto? No entendía cómo pude ser tan torpe, pero no me molesté conmigo misma porque, de no haberlo hecho, el chico no estaría frente a mí en ese instante.
Le agradecí que me los entregara y me explicó que pudo ver que eran míos porque me observaba desde su auto al otro extremo de la calle. Nos sonreímos y entonces supe quien era él. El amor de mi vida. Entonces todo dió un giro fantasioso y creí estar viviendo en una película donde, de la nada, nos besamos y huímos juntos. Lo único que faltaba eran unas letras en lo alto que dijeran "y vivieron felices por siempre".
Luego desperté. Estaba en el asiento trasero de mi auto con mis audífonos azules puestos y mi iPod sin batería restante. El auto se encontraba estacionado frente a mi casa y mis padres bajaban de él. Estaban apunto de despertarme hasta que vieron que me incorporaba para salir de él también.
Al fin habíamos llegado de aquél tedioso viaje por la congestionada carretera. Y antes de entrar a casa, eché un vistazo a la calle de mi vecindario.
Un chico alto, de cabello castaño lacio y un poco despeinado, saliendo de un 'aveo' plateado, me saludó a lo lejos :).

No hay comentarios:
Publicar un comentario