17 de enero de 2012
Engañado.
El osito de peluche huyó desconsolado. Se alejó tanto como pudo del potente sonido de música trance, la cual sacaba el lado más impredecible de los juguetes a su alrededor. Sus oidos se estremecían y su vista se nublaba, se iba y regresaba siendo flasheada por las luces de colores. Todo en aquél lugar formidable se volvió confuso y sin sentido en el instante en que presenció aquél beso traicionero entre su muñeca de tela y una marioneta... una lágrima suya cayó y fue apuñalada por las cientos de luces de discoteca. Sólo deseaba escapar de la multitud y no volverla a ver jamás.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario