Nuestro "adiós" se disfrazó descaradamente de un "hasta luego", a mitad de la estación, donde el sonido de mi voz y la tuya se apagaba con el de los trenes y pasajeros.
Un último apretón de manos, triste, vacilante y tembloroso. Quiero decirte un montón de cosas, pero mientras escojo las palabras correctas, éstas pierden sentido hasta que finalmente no dicen nada.
Subo a mi vagón e intento no mirar atrás. Temo que mis impulsos me hagan saltar de él y quedarme. Deguello ése deseo y ahora su sangre mancha mis manos.
No entiendo porqué no suplicas que me quede contigo. En vez de eso... ¡Maldita sea! ¿ por qué sonríes? Detrás de la ventana sonríes.
¿No notas lo vacía que me siento? Una lágrima se escapó de casa y fue atropellada por un dedo veloz. El tren arranca y mientras nos despedimos con las manitas dejo atrás lo que más amo en la vida.
Unos minutos después me encuentro en mi frío y desconsolador asiento. El tren avanza velóz y no se detendrá. Y ahí me tienes, mirando al suelo sin mover la vista hasta que se me secan los ojos y luego se empapan de lágrimas otra vez. De pronto mi télefono suena y recibo un mensaje de tu parte, lo abro expectante y escucho tu voz en mi cabeza mientras leo: "Lamento no haber corrido a tu lado, no haber saltado a tu vagón y arrancarte de él". Al llegar a mi destino, vi la escena de terror más impactante de mi vida. Un hombre en nuestra estación de partida saltó y fue arrollado por otro tren.

No hay comentarios:
Publicar un comentario