La pequeña le miró furiosamente y despedazó con ira aquél papel donde había escrito sus mayores deseos:
-¿Y? ¿A mi qué me importa que no existan los reyes magos?
¡No me interesa si esos idiotas son reales o no! ¡Me importa un bledo que las personas en las que confío me hayan mentido desde que tengo memoria!
¿Y qué si ya no existen para mi?
Me da igual no volver a creer en nada ni en nadie, de todas formas, ¿para qué les necesito?
¡¿Qué más me da si a partir de ahora no vuelvo a soñar con estrellas fugaces, pestañas que soplas y que cumplen tus deseos?!
Soy mayor y no tengo porqué creer en esas tonterías, ¡no tengo porque creer! ¿me oyes?
¡No tengo porqué creer en NADA!
¡ME IMPORTA BIEN POCO!
Y con lágrimas en los ojos, la niña salió corriendo, dejando tras ella, al estupefacto gordo de rojo... junto al árbol de navidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario